¿Puede Japón ser un actor importante en el escenario internacional?

¿Puede Japón ser un actor importante en el escenario internacional?

La cuestión de la adaptación a la globalización, condición esencial para que Japón vuelva a ser un actor importante a nivel mundial, se ha planteado durante muchos años. Si bien, al igual que Alemania, no es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que reúne a las cinco potencias vencedoras de 1945, Japón ocupa un lugar esencial en la escena internacional1.

Como tercera potencia económica mundial, cuarto mayor donante de ayuda y un actor de seguridad cada vez más activo, ha recuperado una legitimidad indiscutible en toda Asia, con la excepción de China y Corea del Sur. Al desarrollar alianzas estratégicas con potencias más distantes, como la Unión Europea (UE), Australia e India, Tokio se está alejando gradualmente de una relación bilateral excesivamente exclusiva con Estados Unidos.

Le Poder suave La cultura japonesa es aún más poderosa porque se basa en una curiosidad genuina que nace de abajo hacia arriba y llega a una población numerosa y diversa en todo el mundo. Japón, finalmente, está desarrollando un discurso basado en valores comunes de libertad, derechos humanos y libre comercio que lo integran plenamente en el concierto de las naciones democráticas.

Al mismo tiempo, Tokio sigue enfrentándose a la trampa de la insularidad. La experiencia diplomática de Japón, protegida durante mucho tiempo de las tormentas del mundo, es relativamente reciente, y su aventurerismo durante la primera mitad del siglo XX... XXe El siglo XX resultó en un rechazo masivo del compromiso externo, con mayor motivo militar.

En un mundo posguerra fría donde las rivalidades de poder, especialmente en Asia, no han desaparecido, esta reticencia constituye una limitación significativa. A diferencia de la rica diversidad de Estados europeos, que durante siglos se enfrentaron a socios adversarios, Japón ha sido incapaz de afrontar las realidades del mundo. Superar este aislamiento, superar posiciones políticas y modos de acción poco comprendidos en el escenario internacional, especialmente en términos de comunicación, y mejorar su capacidad para asumir responsabilidades a largo plazo y gestionar crisis son condiciones esenciales para que Japón vea su papel plenamente reconocido por todos los socios responsables que conforman el mundo contemporáneo.

Como en otras democracias, esta adaptación choca con posiciones adquiridas, con el peso de una burocracia durante mucho tiempo todopoderosa y centrada esencialmente en las cuestiones políticas internas, las únicas que influían en la carrera de los burócratas.2Sin embargo, en muchos ámbitos, Japón ofrece soluciones estimulantes para todo el planeta, incluso en sectores que pueden parecer negativos, como el envejecimiento. En este sentido, el modelo japonés tiene una dimensión universal cuyo éxito dependerá de la capacidad de aceptar los desafíos y de una auténtica disposición a abrirse a los demás.


1La cuestión del estatus de Japón en la ONU y la reforma del Consejo de Seguridad no se pueden resolver mientras China, que tiene poder de veto, se oponga.

2La formación de los funcionarios, seleccionados por concurso, también se limita al nivel de licenciatura tras cuatro años de universidad, lo que cuenta poco, incluso para los más prestigiosos.